Clase sobre el Evangelio de Lucas en LMU

Queridos Amigos/as estoy volviendo al ruedo de las publicaciones en mi página Web. Quiero contarles que estuve dando clases en el Instituto Bíblico de Los Ángeles en LMU (Loyola Marymount University). Aprovecho a agradecer a los directivos y miembros del Instituto por darme la posibilidad de enseñar en tan prestigiosa Institución, y a los alumnos por hacerme pasar tan hermosos y edificantes momentos. Este año tuvimos cerca de 250 alumnos, casi 50 más que el año pasado. El tema fue «El Evangelio de Lucas» Les comparto a mis amigos de mi página y de facebook el Power Point de la clases junto con los objetivos, como así también un pequeño texto de lo enseñado. También les comparto algunas fotos y dos pequeños videos 1 y 2 !!! Un gran abrazo a todos!!! Y Seguimos en contacto!!!

a)    Unión del Evangelio de Lucas y de los Hechos de los Apóstoles[1]

La atribución a Lucas de una y otra obra no ofrece dificultad, ya que el propio evangelista hace referencia a su «primer libro» en el breve prólogo del segundo volumen, donde menciona al mismo personaje «Teófilo» a quien ha dedicado el primero (Lc 1,3) y porque también nos recuerda de modo muy sintético el contenido del evangelio en Hch 1,1-2.

Modernamente, después de analizar detenidamente el estilo y el vocabulario de ambos libros, se ha convenido en hablar de «la doble obra lucana», asignando a Lucas la autoría del evangelio y de Hechos.

Quizá sería necesario dar un paso más para recomponer una obra que desgraciadamente se ha mantenido en cierta forma «desencuadernada» durante diecinueve siglos. Más que de una «doble obra» deberíamos hablar de una «obra única en dos volúmenes», pertenecientes ambos al mismo género «evangelio». En el primero Lucas habría dejado constancia del modelo a imitar: «todo lo que Jesús hizo y enseñó», a saber, toda la actuación de Jesús a favor del hombre, sobre todo de los marginados por la institución religiosa, y las enseñanzas que ilustraban su modo de actuar; en el segundo se habría propuesto describir los múltiples avatares que sufrió ese modelo al encarnarse en personas o comunidades concretas.

El proyecto dual de Lucas tuvo una existencia muy efímera, ya que con la aparición de las primeras armonizaciones de los evangelios (las «Memorias de los Apóstoles» de Justino y el «Diatéssaron» de Taciano, su discípulo), los Hechos de los Apóstoles fueron separados de su matriz, puesto que no podían ser relacionados con los relatos evangélicos, e interpretados a partir de ese momento, no ya como «evangelio», sino como una historia de la iglesia primitiva.

Para enlazar ambos libros en un solo cuerpo, Lucas utilizó un procedimiento literario que suplía con creces las carencias editoriales de su época. Los libros, en efecto, no llevaban títulos ni subtítulos. Ni siquiera había separación entre las palabras (la llamada «escritura continua»). Apenas si existía algún atisbo de puntuación y no tenían obviamente notas ni forma alguna de hacer referencias internas dentro de una misma obra. Para obviar dichas carencias tenían otros procedimientos editoriales, entre ellos el que se puede llamar «la secuencia-bisagra». Se trata de repetir al término del primer libro o volumen y al inicio del segundo una misma secuencia compuesta de diversos temas que se corresponden por parejas, más desarrollados unos en el primero y otros en el segundo, según que pertenezca su temática a la primera parte o a la segunda. En torno a esa secuencia-bisagra giran, como si de un eje se tratara, los múltiples trazos relativos al modelo presentado en el primer libro para proyectarse sobre los muy variados trazos con que se irá describiendo en el segundo la actuación de los personajes que se han comprometido a imitar dicho modelo, señalando a base de las luces y sombras resultantes cuándo la actuación de un determinado personaje está plenamente de acuerdo con él y cuándo se aleja del ideal encarnado por Jesús.

b)   ¿A quién fue dirigida la obra de Lucas?

En el prólogo a su evangelio, Lucas también informa sobre sus destinatarios: dedica su obra al ilustre Teófilo (Lc 1,3). Éste ha sido ya instruido en la enseñanza y vida de Jesús, ya está catequizado (Lc 1,4), y para él escribe Lucas –así como para todos los que ya saben algo sobre Jesús– «un curso de catequesis para avanzados». Con este curso quiere profundizar la fe en Jesús. Lucas no quiere que sus lectores, después de haber leído su obra, digan: «¡Ajá, así fue!», y pongan su libro en la estantería, como una enciclopedia de dichos, hechos y acontecimientos importantes, que se vuelve a releer sólo cuando se quiere saber algo. Lucas escribió más bien como ejemplos para la vida de fe. Por eso quiere que los lectores noten:

«¡Lo que les pasó a aquellas personas en el libro es muy parecido a mi situación!» El objetivo catequético de Lucas es que los lectores repiensen las situaciones, reflexionen críticamente sobre las acciones de las personas narradas, para que adquieran nuevas perspectivas para su vida y su fe, y las apliquen. Resumiendo, Lucas escribe para los que quieren profundizar su fe: – para los que buscan conexiones entre el mensaje de Jesús y su vida actual, – para los que se interesan por los trasfondos y contextos de la Buena Nueva, – para los que conocen por experiencias propias dudas y reveses, – para los que tienen nuevas ideas y quieren saber si son compatibles con el mensaje de Jesús y con la tradición de las primeras comunidades, – para los que buscan sugerencias e inspiraciones sobre cómo realizar mejor y más intensamente el mensaje de Jesús en su vida. Teófilo es un nombre muy popular que viene del griego, pero adoptado también por judíos. Teófilo significa «amigo de Dios». Ya los Padres de la Iglesia interpretaron este nombre de modo simbólico, y lo refirieron a todo lector de la obra de Lucas: quien quiere profundizar su fe, y quien se ocupa del mensaje bíblico, es «amigo de Dios». En este sentido nosotros estamos incluidos en el círculo de destinatarios de la obra de Lucas. Su mensaje tiene validez también para nosotros. El tratamiento de «ilustre» o «excelentísimo» se da a una persona muy estimada. En la Antigüedad se trataba de esta manera también a los soberanos, gobernantes y funcionarios oficiales. No sabemos si Teófilo era funcionario de profesión, pero sí podemos decir que era una personalidad culta y erudita, y que podía entender las explicaciones de Lucas. Además, sabía decodificar las intenciones y llamamientos, que el autor transmite a sus lectores también de manera indirecta: por la caracterización de las personas actuantes, por la selección de palabras y por la composición de las narraciones. La caracterización de las personas actuantes y los temas que aborda, Lucas nos dejan ver más sobre el círculo de destinatarios. Al lado de los personajes principales –Jesús, los discípulos, Juan, Pedro, Pablo– aparecen romanos (centuriones y funcionarios), mujeres, y judíos y paganos influyentes y ricos. Entre ellos encontramos también a Teófilo y al círculo de destinatarios de Lucas:

Personas cultas, eruditas y adineradas, hombres y mujeres judíos que se comprometen con la fe, como María, Tabita, Esteban, – entre ellos y especialmente, judíos de la diáspora, como Pablo, Priscila y Áquila, – personas convertidas a la fe judía, como el prosélito Nicolás, – mujeres y hombres que simpatizan con la fe judía, como los temerosos de Dios, Lidia y Ticio Justo, – hombres y mujeres paganos que están abiertos a la fe, como el centurión Cornelio. Lucas caracteriza a estas personas muy detalladamente, para que los lectores se vean reflejados en ellas y puedan descubrir esos personajes como identificación o modelos para su vida de fe. Por supuesto, entre las personas actuantes hay también ciegos, cojos, lisiados, enfermos, endemoniados, despreciados y pobres. Pero, a diferencia de otros papeles, apenas actúan. Su acción ejemplar consiste en el hecho de que se dejan curar por Jesús o por los discípulos.


[1] Cf Lagner, C, Evangelio de Lucas – Hechos de los Apóstoles, Ed. Verbo Divino, Navarra, España, 2008.

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